15/2/17

Cómo decorar un espacio en tu casa para meditar o simplemente, estar tranquila

Hace muchos años, conocí a una chica que tenía en su casa un rincón para rezar. Por aquel entonces, me pareció un tanto exagerado; sin embargo, con el tiempo, he ido leyendo, aprendiendo y comprendiendo que no importa la religión ni la filosofía, que todas ellas hablan de la necesidad de conectar con uno mismo, bien al aire libre o en nuestra casa.
La necesidad de pensar o no pensar, de recogimiento, de desconectar, es innata al ser humano y viene de serie en los gatos. Y digo gatos, porque convivo con Rassel que es mi mejor maestro yogi. Todavía no he llegado a su nivel, pero intento aprender, como ella, a mirar al infinito, bien sea dirigiendo la mirada hacia una ventana o a un punto en la habitación, respirar tranquila y reanudar los quehaceres diarios con otra disposición.
En la época en la que vivimos saturados de información, de actividades diversas, nos cuesta creer que unos minutos de silencio, o escuchando música tranquila, respirando, dejando vagar los pensamientos hasta que se diluyan en nuestro cerebro, es una pérdida de tiempo. Nos equivocamos.
Como decía, el descanso es innato, y no me refiero a las horas de sueño. Debemos de ser capaces de quitarle minutos al móvil, a la televisión, o al ordenador, y emplearlos en sentarnos en un lugar que nos transmita tranquilidad, cerrar la puerta si fuera necesario, decirle a nuestra familia que no nos moleste durante esos minutos, e intentarlo.
Hay muchas formas, y con el fin de ayudarnos a empezar, podemos encontrar información de cómo, cúando, dónde, para qué en el casi infinito mundo de Internet. Nos proponen meditación activa, meditar caminando, meditar pintando, escribiendo un diario o un cuaderno de objetivos, etc. Lo realmente importante es comenzar, hacer que sea una rutina beneficiosa, no importa si no se puede todos los días, o si hoy solo 5 minutos y mañana 15... A la larga, notaremos un cambio para bien en nosotros y, como consecuencia, para quienes nos rodean.

Y este es mi rincón. Solo tiene un armario con libros y algunos adornos especiales para mí, un sofá, y una mesa de trabajo. Me queda todo el espacio central para colocar la esterilla orientada al Norte y dejar entrar la luz de la mañana. Rassel suele aparecer, silenciosa, y se queda observando. Cuando ya ve que estoy viva y respiro, busca un lugar desde el que poder meditar ella también, o lo que quiera que hagan los gatos cuando no están dormidos. 


decoracion-mindfulness

Si estás cómoda en el suelo, con una alfombra y unos cojines será suficiente.


El blanco es muy relajante. Si crees que necesitas un toque de color, añade complementos de tu tono preferido.


Tal vez te gusten toques étnicos que te sugieran lugares lejanos, esos a los que se les relaciona más con la meditación. Si puedes, decora tu rincón con ellos.


¿Te va lo mínimal?


Puedes utilizar una cama o un sofá y añadirle un toque personal que te haga sentir bien.


La hamaca ya es otra historia. Digamos que, al menos a mi nivel, no está. Hay quieres practican esta forma de relajación y he leído que es muy reconfortante. Supongo que nos lleva un poco a nuestro primer año de vida cuando nos acunaban.


Para tener nuestro rincón no necesitamos gastar dinero, podemos decorarlo con las cosas que tengamos en casa: un cojín guardado hace tiempo puede necesitar solo un cambio de tela, una manta de tacto agradable se puede utilizar como alfombra improvisada. Se trata de buscar armonía según la entendamos cada uno.

Te dejo aquí el enlace para forrar un cojín sin coser; aunque está en Inglés, con las imágenes podrás hacerlo sin problema.

Dime, ¿te he ayudado a animarte a empezar? ¿Ya dedicas un tiempo cada día a desconectar? ¿Te apetece contar tu experiencia y cómo has decorado tu rincón mindfulness?


Imágenes: domino.com
Texto: Etel García

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